martes, 1 de junio de 2010

El consejero

Aquel consejero del Rey siempre estaba alegre, y por muchas cosas desagradables le que le pasasen nunca dejaba de exclamar
- ¡ Qué bueno !, ¡ qué bueno !, ¡ qué bueno !.

Sucedió que un día andando un día de cacería el Rey se cortó un dedo del pie,

y el consejero, como siempre, exclamó:
- ¡ Qué bueno !, ¡ qué bueno !, ¡ qué bueno !.

El Rey ya no pudo aguantarlo más y lo despidió.- ¡ Qué bueno !, ¡ qué bueno !, ¡ qué bueno !, respondió el consejero.

Tiempo después el Rey, en una de sus cacerías fue capturado por una tribu, para ser sacrificado a sus dioses, pero viendo que le faltaba un dedo del pie, decidieron que no era digno para el sacrificio y lo dejaron en libertad.
Entonces el Rey entendió que todo era bueno, como decía aquel consejero.
" Qué bueno, pensaba, que me falte el dedo, de lo contrario, estaría muerto".

Mandó llamar al consejero para agradecérselo, y después le preguntó:
- ¿ Porqué dijiste, " qué bueno ", también, cuando fuiste despedido ?.
A lo que el consejero respondió:

- Si no me hubiera despedido, yo habría estado con su majestad, y como a vos
os rechazaron, a mi me habrían sacrificado.
    

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